UNA HISTORIA QUE VAS MÁS ALLÁ DE LAS LETRAS… QUE TAMBIÉN NOS PUEDE PASAR
PORQUE TODOS HEMOS SIDO ALGUNA VEZ EL PATITO FEO.
Al observar las relaciones que entablan los jóvenes en la escuela hoy en día, surge una pregunta vital para comprender el por qué de ciertos comportamientos excluyentes que se dan dentro y fuera de las aulas de clase. Esta pregunta centra la atención en qué hace que la sana convivencia y la aceptación del otro se vea truncada por lo que ellos denominan “química” o afinidad. Muchas veces los jóvenes suelen ser rudos en sus apreciaciones sobre la forma de peinar, de vestir, de hablar y de actuar de sus demás compañeros. Este enjuiciamiento voraz lo hacen a la luz de muchas tendencias e ideas que se enmarcan en la música, en la condición social y económica, en la cultura, en sus grupos urbanos y en los prejuicios transmitidos desde sus hogares.
Curiosamente, este devenir entre los jóvenes se centra en la apariencia física más que en el compartir o no un gusto musical o ideológico. A diario en el colegio veo como esta tendencia se hace más marcada en las niñas quienes se unen en grupos por su grado de belleza. Ellas arguyen en sus comentarios que no pueden relacionarse con personas que sean participes de sus mismas condiciones y que de allí sale esta cruel separación que engrandece a una y empobrece a otras. En los hombres la situación se torna diferente pues ellos no se fijan en estas “trivialidades” como lo enuncia Carlos en un ensayo que preparo frente al tema para la clase de castellano. Haciendo referencia a esta particularidad observada se me ocurrió trabajar con los chicos de 9° grado un pequeño ejercicio de investigación en el que cada uno debía fotografiar, indagar, encuestar jóvenes de su edad sobre las preferencias en moda, cultura, música, cultura y apariencia. De los resultados arrojados por este proceso debían construir un texto argumentativo en el que dieran explicación al por qué de las separaciones y peleas entre ellos por su falta de diálogo y de conocimiento el otro antes de juzgarlo por su físico, su ideología o posición social.
Nadie más duro que ellos mismos para criticar a través de sus tesis y argumentos la banalidad en sus relaciones y afinidades porque descubrieron que desafortunadamente se han privado de conocer a muchas personas valiosas por su falta de tolerancia y de diálogo. Catalina, describe en su escrito que gracias a programas de televisión, artículos de revistas, letras de canciones y comentarios de sus compañeras ha excluido de su selecto grupo social a muchas niñas y niños que según su parecer no contaban con las condiciones físicas para ser su “best friends”. Por otra parte, Laura cuenta que ella ha jugado del otro lado de la moneda pues ha sido la discriminada, la excluida. “ Soy la típica figura del Patito Feo: extremadamente delgada, sin gracia, con pecas y cabello muy largo y sin vida”, de allí que no encaje fácilmente en los diversos grupos de mi clase. Por el contrario casi siempre permanezco sola o con otros patitos que al igual que yo no han podido mostrar a la luz lo que llevan dentro.
Cierto día decidí realizar la lectura de algunos textos de los creados pero para darle un toque diferente a la jornada investigue varios cuentos en los que la fealdad marcara una línea dura y los motivara a revisar sus prácticas de aceptación social. Algunos de estos fueron: El hada fea de Pedro Pablo Sacristán, Historia de la Belleza e historia de la Fealdad de Umberto Eco, La fealdad de Agustín y el patito feo entre otros. Con ellos hice que comprendieran que la literatura era esa fuente maravillosa que estaba en capacidad de explicar sus vivencias a través de la creación de mundos y personajes diversos. El ejercicio continuo siendo enriquecedor cuando algunos de ellos se motivaron a leer sus escritos con los que cuestionaron fuertemente las posturas mencionadas a lo largo del presente escrito.
La historia que despertó emociones encontradas fue la de Laura:... Porque siempre seré el Patito Feo de mi clase… en ella se describía con exactitud la experiencia de una niña que había encontrado en la soledad y en la exclusión a sus best friends. Desde ese entonces se rompieron ciertos tabúes entre ellos y se percibieron de otra manera lo que los hizo un poco más humanos ante las condiciones del otro.
Si deseas conocer la historia de Laura lee el cuento del PATITO FEO… IMAGINA A UNA JOVEN DE QUINCE AÑOS, SOLA, EXCLUIDA Y QUE GRACIAS A UNA CLASE DE CASTELLANO PUDO MOSTRARLE A SU MAMÁ GANZA Y A SUS HERMANITOS LO BELLA QUE ERA Y LO EQUIVICADOS QUE ESTABAN SOBRE ELLA.
EL CUENTO DEL PATITO FEO…
Como cada verano, a la Señora Pata le dio por empollar y todas sus amigas del corral estaban deseosas de ver a sus patitos, que siempre eran los más guapos de todos.
Llegó el día en que los patitos comenzaron a abrir los huevos poco a poco y todos se congregaron ante el nido para verles por primera vez.
Uno a uno fueron saliendo hasta seis preciosos patitos, cada uno acompañado por los gritos de alborozo de la Señora Pata y de sus amigas. Tan contentas estaban que tardaron un poco en darse cuenta de que un huevo, el más grande de los siete, aún no se había abierto.
Todos concentraron su atención en el huevo que permanecía intacto, incluso los patitos recién nacidos, esperando ver algún signo de movimiento.
Al poco, el huevo comenzó a romperse y de él salió un sonriente pato, más grande que sus hermanos, pero ¡oh, sorpresa!, muchísimo más feo y desgarbado que los otros seis...
La Señora Pata se moría de vergüenza por haber tenido un patito tan feísimo y le apartó con el ala mientras prestaba atención a los otros seis.
El patito se quedó tristísimo porque se empezó a dar cuenta de que allí no le querían...
Pasaron los días y su aspecto no mejoraba, al contrario, empeoraba, pues crecía muy rápido y era flacucho y desgarbado, además de bastante torpe el pobrecito.
Sus hermanos le jugaban pesadas bromas y se reían constantemente de él llamándole feo y torpe.
El patito decidió que debía buscar un lugar donde pudiese encontrar amigos que de verdad le quisieran a pesar de su desastroso aspecto y una mañana muy temprano, antes de que se levantase el granjero, huyó por un agujero del cercado.
Así llegó a otra granja, donde una vieja le recogió y el patito feo creyó que había encontrado un sitio donde por fin le querrían y cuidarían, pero se equivocó también, porque la vieja era mala y sólo quería que el pobre patito le sirviera de primer plato. También se fue de aquí corriendo.
Llegó el invierno y el patito feo casi se muere de hambre pues tuvo que buscar comida entre el hielo y la nieve y tuvo que huir de cazadores que pretendían dispararle.
Al fin llegó la primavera y el patito pasó por un estanque donde encontró las aves más bellas que jamás había visto hasta entonces. Eran elegantes, gráciles y se movían con tanta distinción que se sintió totalmente acomplejado porque él era muy torpe. De todas formas, como no tenía nada que perder se acercó a ellas y les preguntó si podía bañarse también.
Los cisnes, pues eran cisnes las aves que el patito vio en el estanque, le respondieron:
- ¡Claro que sí, eres uno de los nuestros!
A lo que el patito respondió:
-¡No os burléis de mí!. Ya sé que soy feo y desgarbado, pero no deberíais reír por eso...
- Mira tu reflejo en el estanque -le dijeron ellos- y verás cómo no te mentimos.
El patito se introdujo incrédulo en el agua transparente y lo que vio le dejó maravillado. ¡Durante el largo invierno se había transformado en un precioso cisne!. Aquel patito feo y desgarbado era ahora el cisne más blanco y elegante de todos cuantos había en el estanque.
Así fue como el patito feo se unió a los suyos y vivio feliz para siempre.
Tomado de http://yo.mundivia.es/llera/cuentos/patito.htm
Al observar las relaciones que entablan los jóvenes en la escuela hoy en día, surge una pregunta vital para comprender el por qué de ciertos comportamientos excluyentes que se dan dentro y fuera de las aulas de clase. Esta pregunta centra la atención en qué hace que la sana convivencia y la aceptación del otro se vea truncada por lo que ellos denominan “química” o afinidad. Muchas veces los jóvenes suelen ser rudos en sus apreciaciones sobre la forma de peinar, de vestir, de hablar y de actuar de sus demás compañeros. Este enjuiciamiento voraz lo hacen a la luz de muchas tendencias e ideas que se enmarcan en la música, en la condición social y económica, en la cultura, en sus grupos urbanos y en los prejuicios transmitidos desde sus hogares.
Curiosamente, este devenir entre los jóvenes se centra en la apariencia física más que en el compartir o no un gusto musical o ideológico. A diario en el colegio veo como esta tendencia se hace más marcada en las niñas quienes se unen en grupos por su grado de belleza. Ellas arguyen en sus comentarios que no pueden relacionarse con personas que sean participes de sus mismas condiciones y que de allí sale esta cruel separación que engrandece a una y empobrece a otras. En los hombres la situación se torna diferente pues ellos no se fijan en estas “trivialidades” como lo enuncia Carlos en un ensayo que preparo frente al tema para la clase de castellano. Haciendo referencia a esta particularidad observada se me ocurrió trabajar con los chicos de 9° grado un pequeño ejercicio de investigación en el que cada uno debía fotografiar, indagar, encuestar jóvenes de su edad sobre las preferencias en moda, cultura, música, cultura y apariencia. De los resultados arrojados por este proceso debían construir un texto argumentativo en el que dieran explicación al por qué de las separaciones y peleas entre ellos por su falta de diálogo y de conocimiento el otro antes de juzgarlo por su físico, su ideología o posición social.
Nadie más duro que ellos mismos para criticar a través de sus tesis y argumentos la banalidad en sus relaciones y afinidades porque descubrieron que desafortunadamente se han privado de conocer a muchas personas valiosas por su falta de tolerancia y de diálogo. Catalina, describe en su escrito que gracias a programas de televisión, artículos de revistas, letras de canciones y comentarios de sus compañeras ha excluido de su selecto grupo social a muchas niñas y niños que según su parecer no contaban con las condiciones físicas para ser su “best friends”. Por otra parte, Laura cuenta que ella ha jugado del otro lado de la moneda pues ha sido la discriminada, la excluida. “ Soy la típica figura del Patito Feo: extremadamente delgada, sin gracia, con pecas y cabello muy largo y sin vida”, de allí que no encaje fácilmente en los diversos grupos de mi clase. Por el contrario casi siempre permanezco sola o con otros patitos que al igual que yo no han podido mostrar a la luz lo que llevan dentro.
Cierto día decidí realizar la lectura de algunos textos de los creados pero para darle un toque diferente a la jornada investigue varios cuentos en los que la fealdad marcara una línea dura y los motivara a revisar sus prácticas de aceptación social. Algunos de estos fueron: El hada fea de Pedro Pablo Sacristán, Historia de la Belleza e historia de la Fealdad de Umberto Eco, La fealdad de Agustín y el patito feo entre otros. Con ellos hice que comprendieran que la literatura era esa fuente maravillosa que estaba en capacidad de explicar sus vivencias a través de la creación de mundos y personajes diversos. El ejercicio continuo siendo enriquecedor cuando algunos de ellos se motivaron a leer sus escritos con los que cuestionaron fuertemente las posturas mencionadas a lo largo del presente escrito.
La historia que despertó emociones encontradas fue la de Laura:... Porque siempre seré el Patito Feo de mi clase… en ella se describía con exactitud la experiencia de una niña que había encontrado en la soledad y en la exclusión a sus best friends. Desde ese entonces se rompieron ciertos tabúes entre ellos y se percibieron de otra manera lo que los hizo un poco más humanos ante las condiciones del otro.
Si deseas conocer la historia de Laura lee el cuento del PATITO FEO… IMAGINA A UNA JOVEN DE QUINCE AÑOS, SOLA, EXCLUIDA Y QUE GRACIAS A UNA CLASE DE CASTELLANO PUDO MOSTRARLE A SU MAMÁ GANZA Y A SUS HERMANITOS LO BELLA QUE ERA Y LO EQUIVICADOS QUE ESTABAN SOBRE ELLA.
EL CUENTO DEL PATITO FEO…
Como cada verano, a la Señora Pata le dio por empollar y todas sus amigas del corral estaban deseosas de ver a sus patitos, que siempre eran los más guapos de todos.
Llegó el día en que los patitos comenzaron a abrir los huevos poco a poco y todos se congregaron ante el nido para verles por primera vez.
Uno a uno fueron saliendo hasta seis preciosos patitos, cada uno acompañado por los gritos de alborozo de la Señora Pata y de sus amigas. Tan contentas estaban que tardaron un poco en darse cuenta de que un huevo, el más grande de los siete, aún no se había abierto.
Todos concentraron su atención en el huevo que permanecía intacto, incluso los patitos recién nacidos, esperando ver algún signo de movimiento.
Al poco, el huevo comenzó a romperse y de él salió un sonriente pato, más grande que sus hermanos, pero ¡oh, sorpresa!, muchísimo más feo y desgarbado que los otros seis...
La Señora Pata se moría de vergüenza por haber tenido un patito tan feísimo y le apartó con el ala mientras prestaba atención a los otros seis.
El patito se quedó tristísimo porque se empezó a dar cuenta de que allí no le querían...
Pasaron los días y su aspecto no mejoraba, al contrario, empeoraba, pues crecía muy rápido y era flacucho y desgarbado, además de bastante torpe el pobrecito.
Sus hermanos le jugaban pesadas bromas y se reían constantemente de él llamándole feo y torpe.
El patito decidió que debía buscar un lugar donde pudiese encontrar amigos que de verdad le quisieran a pesar de su desastroso aspecto y una mañana muy temprano, antes de que se levantase el granjero, huyó por un agujero del cercado.
Así llegó a otra granja, donde una vieja le recogió y el patito feo creyó que había encontrado un sitio donde por fin le querrían y cuidarían, pero se equivocó también, porque la vieja era mala y sólo quería que el pobre patito le sirviera de primer plato. También se fue de aquí corriendo.
Llegó el invierno y el patito feo casi se muere de hambre pues tuvo que buscar comida entre el hielo y la nieve y tuvo que huir de cazadores que pretendían dispararle.
Al fin llegó la primavera y el patito pasó por un estanque donde encontró las aves más bellas que jamás había visto hasta entonces. Eran elegantes, gráciles y se movían con tanta distinción que se sintió totalmente acomplejado porque él era muy torpe. De todas formas, como no tenía nada que perder se acercó a ellas y les preguntó si podía bañarse también.
Los cisnes, pues eran cisnes las aves que el patito vio en el estanque, le respondieron:
- ¡Claro que sí, eres uno de los nuestros!
A lo que el patito respondió:
-¡No os burléis de mí!. Ya sé que soy feo y desgarbado, pero no deberíais reír por eso...
- Mira tu reflejo en el estanque -le dijeron ellos- y verás cómo no te mentimos.
El patito se introdujo incrédulo en el agua transparente y lo que vio le dejó maravillado. ¡Durante el largo invierno se había transformado en un precioso cisne!. Aquel patito feo y desgarbado era ahora el cisne más blanco y elegante de todos cuantos había en el estanque.
Así fue como el patito feo se unió a los suyos y vivio feliz para siempre.
Tomado de http://yo.mundivia.es/llera/cuentos/patito.htm